about Time

“Everyone thinks their clock has the right time”
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He conocido personas que cuando se les preguntaba la hora, al mismo tiempo que uno le miraba el reloj en su pulsera o celular, estos contestaban rápidamente con un “está adelantado/atrasado «tantos» minutos”. Mi primer reacción, ante esta posibilidad, fue de un natural asombro, “¡Vaya, los relojes se adelantan y atrasan!” pensé. Era muy chico… No, la edad no tuvo nada que ver. Fue mi manera de ser fantasiosa, risueña la que me hizo creer que todos los relojes daban la exacta misma hora. No es tan descabellado pen06f17fa1aa75966bca61f12aac19ffd1sarlo. La idea de Tiempo, con mayúscula, emergió en mí como una red que subyace al resto de los pensamientos. No importa, por más extraño y aleatorio que sea un pensamiento, una raíz lo alcanza uniéndolo al conjunto de ideas, que lo forman a uno. Porque, en definitiva, somos eso, una colección de momentos y recuerdos, “el tiempo existe para que no pase todo a la vez”.

El tiempo es relativo. Aún más, el tiempo y el espacio se mezclan en un entramado, aunque eso ya lo sospechaba desde el primer momento. Los pensamientos ocurren en un momento y lugar. Imaginemos sino, ideas con fecha y hora pero sin lugar, o al revés, ideas bien posicionadas, “arriba de esto, a la izquierda de aquello, ahí y no allí”, pero sin momento único, particular.

Empecé a ver a las personas, entonces, con mayor recelo. Aunque no lleven reloj o no usen celular, asigno a todos (me incluyo) un reloj interno que uno mismo no puede leer sino, en situaciones que parecen sueños, aunque solo de reojo. Como ya se dijo, el tiempo es relativo, por lo que los relojes marcan distintas horas.

La música y la poesía, junto a otras hermanas, el Arte en sí, permite compartir las cualidades personales de las experiencias individuales; nos dejan espiar por la íntima rendija que fuera asignada a otro en el espacio y el tiempo. Como si estuviésemos en una baldosa, y nuestro vecino se mueve para dejarnos saltar a la suya. Somos un conjunto diferente de ojos que se miran; la forma que tiene el Cosmos de experimentarse a sí mismo.

Cierta vez, una persona que terminaba de conocer en el tren por intermedio de un amigo, nos dijo -Está adelantado, así llego siempre temprano -a lo que mi amigo contestó -A mi me sirvió, pero luego me di cuenta (como si no hubiese sido él mismo quien jugó con las manecillas del reloj) que estaba adelantado, entonces ya no me funcionaba. Tuve que volver al tiempo actual.

Por mis adentros, meditaba, “qué curiosa forma de recordar”, y me pregunté si las personas, con sus diferentes horas, algunas adelantadas a la nuestra, otras atrasadas, no son recordatorios para uno mismo.

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