Blanco & Negro

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Comienza la partida, el peón blanco avanza a la mitad del tablero y reposa en un casillero negro. Aguarda por el turno de su contrincante. Cae el Rey negro, sin más, se acaba la partida. El ganador toma nota pero se ve interrumpido por la intromisión del, hasta ahora, silencioso perdedor.

—¿Acaso toda acción que realice, mi conducta entera, es motivo de análisis? Y si, simplemente ¿No tengo deseos de jugar? Podría quedarme sentado aquí contemplando su impertinente sobriedad y eso también sería motivo para que tome nota. Cree que me está analizando pero cómo puede, cómo se atreve, sino se examina usted primero. En realidad, está jugando como los niños, al paciente y doctor, se lo imagina, cree que es real, pero solo quiere conocerse y lo hace a través de mi persona. No se da cuenta, soy su proyección, su más grande miedo y por ese temor quiere tomar distancia y debe crearse roles, debemos separar la locura de la cordura. Debo encajar en algún patrón, si no existe casillero a mi medida, este será construido tal vez, con mi nombre, tal vez con el de su descubridor, realmente no importa mientras sea un lugar que me encuadre y que sea medida para otros en un futuro. Fui a sus escuelas, trabajé en sus corporaciones, creí en su deidad, participe en su política. Soy producto de sus instituciones y ahora me encuentro encerrado en una de ellas. Día a día, podría simular y aunque al principio no me creerían e intuirían que estoy intentando engañarlos, terminarán por liberarme, soy un gasto, para ustedes el tiempo no solo es cuantificable sino que tiene valor, y cuando los mismos patrones que hoy me retienen indiquen que no soy un peligro para mi o para otros, tendrán que dejarme ir. ¡Está curado, se identifica perfecto con el típico sano mental! Pero nunca, jamás, habré dejado de pensar libremente, creando mundos, universos paralelos, donde yo soy quien los analiza a ustedes y su cordura es la peor de las locuras, donde los doctores de la mente están tan chiflados como un dibujo animado, y de ellos brotan conductas dignas de análisis con sus propios mundos. Al final, todo se mezcla en un arcoíris que se vuelve negro y de lo que existe, la nada se vuelve lo que es.

—Doctor, su turno ¡Doctor! Dije envido…

—¡¿Ah?! ¡¿Qué…?! Este…eh…sí, perdón. Pero Richard, estamos jugando al ajedrez…

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