Narciso y Goldmundo

La noche no resultó tan aterradora como supuso horas antes sobre el tren, mirando la luna a través de la ventana, que parecía con el efecto de las luces del interior del vagón, estar siendo sostenida por los tirantes donde las personas cuelgan sus bolsos. Se despertó, sí, varias veces en la noche, pero no se sintió tan desorientado como imaginó que estaría si eso le sucedía. Simplemente giró sobre sí mismo y se dejó dormir.
El cuerpo estaba en comando, a la mente le tocaba obedecer. Desde su repentina crisis que la carne sometía al espíritu. En realidad venía de hace tiempo. Un cuerpo encerrado se hace más fuerte, más resistente y ya no es tan fácil dominarlo. La mente encerrada no sabe otra cosa que sufrir, solo escapar o pensar en hacerlo que en definitiva, es lo mismo. En cambio, el cuerpo no, este sangrará pero ahí está, sintiendo, viviendo.
La mente dedujo que el dolor es una ilusión, entonces no se rebaja a soportarlo -¡Qué se encargue el cuerpo! -y qué sabio el cuerpo que aguanta. ¡Cuán orgullosa es la mente! Tarde o temprano será aplastada y pasará su tiempo en el oscuro.
El cuerpo aprovecha para llorar; tiembla, camina lento, arrastrando los pies; la respiración pierde su armonía (la melodía es cosa de la mente); no se alimenta aunque siga eliminando desechos. Es el ayuno para los cristianos, el tzum de los hebreos, sawn para los musulmanes, upavasa para los hinduistas ¡Qué sabio es el cuerpo! Hace.
Resiste la mente. Se hace presente -¡Existo! -exclama a través de obsesiones, de sueños. La mente arrastra al cuerpo dormido a un reino de improbabilidades. Le hace creer que está en un lugar y luego en otro, que el tiempo avanza y no avanza. -¡Ves como todo es una ilusión! Si yo puedo crear todo esto, te equivocas soportando tanto dolor, aferrándote a tanta iRealidad -pero el cuerpo, que tiene memoria, se despierta. La mente gira sobre sí misma en la oscuridad de un cuarto que ya no es lo que era, tan extraño tan infamiliar. Y es entonces cuando el cuerpo lanza, desde lo más bajo y profundo del vientre, una carcajada que sacude las paredes de la vieja casa. La mente cayó en su propia trampa y el cuerpo, lentamente se va quedando dormido a la par que se va apagando la risa; mientras el espíritu grita sin nadie que lo escuche.
Otra vez, está la mente en el mundo de los sueños, pero esta vez no está en control, son ahora las memorias las artífices. Se da cuenta por las flores y el jardín, el conejo, los relojes, los colores. En cualquier momento aparecerá ella. Y la mente será feliz o sufrirá. El cuerpo entonces le reprochará, ¡¿Cómo es que si todo es una ilusión, te aferras a estos recuerdos?!
Al mismo tiempo, el cuerpo despierta, porque la armonía empieza por uno que actúa con humildad y otro que agradece.

Illustration by Anthony Russo

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