Sendero del algarrobo

Ciertamente no estoy en la cima más elevada,
cuando el sol muera a mis espaldas,
me cubrirán
la sombra de montañas más altas.

Aun así la vista es inigualablemente hermosa,
una incipiente ciudad a mis pies se rinde;
en el horizonte,
montañas temen y me invitan a conquistarlas;
a mi diestra,
un lago de lágrimas contenido,
rebosante de vida,
con pececillos luchando contra la nimia corriente
de un viento cálido y generoso,
caracoles arrastrándose por el fango para sobrevivir,
algunos realmente grandes,
aves cantando de rama en rama;
y envolviéndome, una música armónica por naturaleza.
Quiero unirmeles con mi flauta autóctona
y cantar con la Vida.

Quiero unirmeles con mi flauta autóctona
y cantar con la Vida.
Entonces callé,
dejé de intentar, en vano,
sacarle una nota al instrumento de madera.
Escuché y miré más allá del horizonte
y vi en la geografía de mi interior.
Me sinceré en un momento apacible
conmigo mismo.
Ya estaba interpretando
lo que me tocaba de la partitura.

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*93, 93/93*


 

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