Amo de la realidad

Estás durmiendo.
Soñás que vas en un barco con otros pasajeros.
De repente, el barco encalla y comienza a hundirse.
Angustiado, te despertás. Y yo te pregunto:
¿te volvés a dormir para avisar a los personajes de tu sueño?
Anónimo hindú

Los sueños, a la mayoría les parecen reales mientras los experimentan, tanto los que se manifiestan durante el reposo nocturno, así como también, aquellas fantasías que tenemos en los momentos de desconexión, por ejemplo, cuando viajamos en el subterráneo y sin movernos de nuestro lugar, salimos solo con la mente del vagón, de la ciudad que este atraviesa, del país que lo contiene, el mundo que lo rodea. Una estación mental entre estaciones. Hasta que algo nos trae de vuelta. Puede ser cualquier cosa, un empujón, una voz de “permiso”, un par de ojos, una sonrisa, un par de tetas, un libro, una palabra suelta en una conversación, la alarma chillona de la puerta. Y es en ese momento que la diferencia entre vigilia y sueño se hace palpable. Precisamente, en este momento de claridad mental y de constante análisis de la realidad circundante, este extraño estado de sueño lúcido, es en el que vive Matías.

Aunque la consciencia de estar soñando y el control del sueño están correlacionados, una no requiera de la otra. Matías sabe que está soñando porque usa su razonamiento, pero sabe que está despierto, siguiendo su intuición. Al hallarse consciente de que está soñando, adquiera también, conciencia del significado del sueño. Sin embargo, para saber si está en su propia realidad (sea un sueño o despierto) y no atrapado en la de otro, saca una cámara de fotos polaroid vieja, de esas que imprimen instantáneas, la cual lleva siempre consigo incluso durante la vigilia, y si la foto sale en color, entonces sabe que se encuentra del otro lado del limbo.

Si en las nebulosas es donde nacen las estrellas, el sueño lúcido de Matías es una nebulosa en el Universo del Inconsciente. Capaz de ejercer algún grado de control sobre los personajes del sueño, la narrativa, y el medio ambiente, compone toda una comedia, de la que se reirá, ya despierto. El truco, se decía, “está en combinar las habilidades racionales con las infinitas posibilidades de la realidad. Si se puede hacer eso, se puede hacer cualquier cosa”.

Una ambición, que a otros no dejaría dormir, a él, por el contrario, lo adormecía. Si Borges imaginó un personaje que soñaba un hombre, no solo su sombra, sino un hombre con toda su complejidad y toda su perfección e imperfección, a Matías lo que no lo desvelaba, era la idea de no solo soñar un hombre, sino de revelarle a ese hombre que era el personaje de un sueño, del suyo, que no era real.

Un cierto sueño (como quien dice “una cierta noche”), consciente de sí mismo, Matías se encontraba explorando el mundo a su alrededor, disfrutando de la vista y sintiendo el viento a través de su barba, cuando se percató de la figura de un conocido en el sueño. Eran los únicos personajes en la escena. Se preguntó de qué sería consciente realmente. Entonces se le acercó y le empezó a hablar.

—¿De dónde apareciste? —inquirió el soñador.

—¿Qué decís? Sí acabamos de salir de ensayar con la banda —contestó la figura-amigo.

—¿Y tu guitarra? No, no ensayamos. Estamos en un sueño y esto no es real.

La figura de su amigo parecía confuso, asustado, un tanto ansioso, pero no por estar en un sueño, sino de que Matías estuviese actuando raro, como un loco. Solo para estar seguro, Matías hizo uso del talismán, sacó su cámara y se tomó una selfie con su amigo. Entonces le mostró la foto al personaje del sueño.

—¡¿Ves?! ¡Es a color! Este modelo es solo en blanco y negro.

No hace falta mucho para generar una contradicción, y no es necesario que esta sea muy profunda para confundir a las personas, más aún a un personaje de un sueño. La figura convino de manera muy pacífica en que efectivamente se encontraban en un sueño. Pero inmediatamente después, la figura se quebró en dos, apareciendo en un personaje totalmente diferente, borroso, como una sombra en movimiento. Una voz que salía de todos y de ningún lado, retumbó en las paredes del sueño:

—¿Qué haces aquí, en esta parte de tu mente?

Matías había quedó paralizado. Se preguntaba a quién podría esta figura estar representando, a qué se refería con “aquí, esta parte de su mente”. A pesar de que Matías era consciente de la teatralidad onírica, cuando trató de cambiar cosas, desplazar las escenas o teletransportarse, se mantuvo en su lugar. Quiso correr pero se volvió pesado y lento. Aparecieron unas escaleras que al subirlas lo llevaban hacia abajo. Lo que asemejaba una puerta se transformó en un largo corredor, extendiéndose por lo que parecían kilómetros.

Despertó. Aun agitado, se puso a escribir en la bitácora de sus sueños, que dejaba en la mesita de noche, los detalles de la pesadilla. Pero a medida que la tinta se iba marcando en el papel, las letras se fueron separando de las palabras y comenzaron a flotar por toda la habitación, hasta unirse a los pies de la cama en la figura que había despertado en su propio sueño.

Trató nuevamente de despertar, de revivir, pero no podía. Estaba atrapado dentro de su propia mente. Sabía muy bien que su cuerpo estaba acostado allí, dormido, y sin embargo, aunque se encontraba lúcido, no podía controlarlo, y menos enfrentarse con este personaje de ensueño que se había vuelto consciente, separado de si mismo. Había logrado que una parte de su mente también pasará a ser lúcida y ahora era atormentada por ella. En un último acto de desesperación, sacó su cámara, tomó una foto… se disparó el flash pero no salió ninguna foto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s