El primero de la mañana

Antes de entrar a trabajar,
en la puerta del edificio, sobre la vereda
viendo la gente pasar,
me nebulizo con tabaco
y como un anzuelo,
la nicotina que muerdo me saca del mar
de pensamientos y anhelos de eternidad,
versa el paquete “mata el fumar“.
Mientras largo el humo,
me distraigo con los tatuajes en los cuerpos que los contienen,
me enamoro una y mil veces de las mujeres,
algunas personas me preguntan si “aquel edificio es el Colón?“,
Dónde para el 129?“,
Voy bien para la calle Sarmiento?“,
Es para el otro lado“, contesta mi compañero
volviendo inmediatamente a su relato
sobre algo que no entiendo,
pero a lo que me muestro interesado
porque lo veo tan emocionado.
Piso la colilla dando por terminado el momento
el cual tan paradójicamente me hace sentir vivo,
sabiendo que el que me prenda al mediodía después de almorzar
va a ser otro cantar.

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