Yo, ficción

Necesito un confidente. Quisiera que fuera otra persona, pero no puedo confiar; insuperable paradoja. Así que escribo. Pero lo hago pretendiendo, «jugando». Creo que de esa manera podré alcanzar cierta objetividad. No quiero justificarme, solo entender(me).
Aún no puedo determinar si fui traicionado. Es que soy dantesco en ese sentido, y quien traicionase, para mi, es un chicle en las fauces del Demonio. No deseo mandar a nadie allí. No quiero tener la necesidad de perdonar, menos que me tengan que pedir perdón. Quisiera como el Buda, solo amar y ya. ¿Y si Judas fue en realidad el apóstol más valiente, que como María dijo “” al plan Divino? Jesús vence la tentación del Demonio, pero ¿no puede superar a un simple mortal que, de hecho, ya sabía que lo traicionaría? ¿Y si el hijo de Dios encarnado era en realidad Judas? ¿No sería lógico, acaso, que el único Ser perfecto sea el responsable del Mal como del Bien, de la traición y de la salvación?
En fin, no puedo determinar si me han traicionado porque me resulta horrible la traición. Aunque debo admitir, no sé (como con la mayoría de las cosas) qué es la traición. ¿Lo horrible no es real? Claro que lo es. Supongo que sí, me traicionaron. Traicionaron mi Ego. Mejor dicho, mi ego se traicionó a sí mismo con la ayuda de un otro.

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