La caída

Si hay un fondo, no lo conozco
porque sigo cayendo;
a veces, cuando cierro los ojos
imagino que dejo de caer
pero al abrirlos nuevamente,
estoy cada día más lejos de la luz de la Luna.
No recuerdo cuándo empecé a caer,
asumo que siempre lo estuve haciendo;
aunque esa sensación que evoco al cerrar los ojos…
¿De dónde surgió? ¿Cómo sé lo que se siente no caer?
A veces es la música la que me eleva;
otras es un libro, un poema o un cuento lo que me teletransporta;
el abrazo de un amigo;
la mirada en complicidad de una mujer.
Pero todo eso es efímero,
no más que un mero instante
como la contemplación de Sísifo,
libre del castigo de la gravedad constante.

*93, 93/93*


 

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