So I trust Chaos as the only certainty

Hace no mucho emprendí un viaje por la sabana de mi mente,
entre medio de las selvas y el desierto de mi inconsciente;
en ese entonces, los rayos solares,
incidían perpendicularmente sobre esta parte de la Tierra,
ahora lo hacen más ladeado
produciendo un descenso de las temperaturas.
Había fracasado en mi intento de armar una manada
y ser el líder de un harén;
por lo que andaba errante en solitario.
El problema nunca ha sido vivir, respirar es involuntario,
proveerme de alimento no es difícil,
soy fuerte, inteligente y tengo gran resistencia,
el verdadero reto siempre ha sido sobrevivir,
darle un sentido a todo esto y mantenerlo a pesar…
En mi camino a través de esta inhóspita tierra,
me topé con un límite natural, un lago de aguas poco profundas
pero oscuras, por ende,
peligrosas.
Me sumergí temeroso de que un predador estuviera acechando,
pero decidido a cruzar.
A mitad de camino,
me pareció ver unos ojos apenas sobresalir de la superficie
para luego volver a hundirse.
Apreté el paso todo lo que pude,
pero el agua me cubría la mitad del cuerpo.
El miedo se había vuelto una certeza,
era presa dentro de mi propia cabeza.
Un monstruo de escamas y boca alargada llena de dientes torcidos,
pero grandes y filosos,
dejaba una estela en el agua con su cola,
indicándome el tamaño de la bestia,
posiblemente de más de tres metros de largo.
Sentí la mordida en mis muslos y cadera,
acto seguido, estaba bajo el agua siendo zamarreado con toda violencia.
Era mi final,
si hubiese sido un sueño, en ese momento tendría que haber despertado,
pero no lo hacía.
Y de repente, un rugido tronó como una tormenta en el cielo.
Una fiera de majestuosa melena,
saltó desde el otro lado de la orilla
con sus fauces abiertas y en dirección al monstruo que me sometía.
Hincó sus poderosos incisivos
atravesando la poderosa piel de aquel reptil que se retorció, soltándome.
La fiera salvadora, también soltó entonces al monstruo
y lanzó otro portentoso rugido;
el monstruo se hizo pequeño,
tanto que cabía en la palma de la mano.
Comprendí que no era posible matarlo.
Así que este se fue nadando,
y a medida que se alejaba con cada movimiento de su cola,
iba creciendo un poco más hasta recuperar su tamaño.
Cuando me volví, me di cuenta que estaba solo,
no había rastros de la majestuosa fiera.
Hice los pocos metros que me quedaban hasta la orilla y salí del agua.
Me volví otra vez y miré en el reflejo de esta,
tenía el pelo y las barbas largas,
como si hubiese estado mucho tiempo vagando,
me cubrían prácticamente todo el rostro y cuello, como una melena.
Seguí mi camino, dejándo atrás todo pero sabiendo que,
de alguna forma, me volvería a topar con aquel lago y su monstruo.
Por el momento, me alimento y disfruto
de las frutillas y arándanos que hay de este lado.

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