Wanderlust

Siempre le escribí a Ella,

quizá por costumbre,

quizá porque fue mi verdadero amor,

aunque viniera después de vos;

y eres tu precisamente hoy,

a quien destino mis letras, aunque no me lees;

fuiste mi primer todo, amiga, beso, sexo, novia, ex.

Nos recuerdo inocentes púberes,

temerosos de lo que podría pasar

si apostábamos al romance,

de perder la amistad si salía mal.

¡Cuán sabios!

Si ahora, más de 10 años después,

esos yoes nos vieran,

sin noviazgo, sin amistad, sin siquiera hablar,

«Tenemos razón, ¿para qué?» dirán.

Les voy a decir a ese yo y a esa vos de 13 años para qué,

si es que pueden leer esto por algún extraño fenómeno de la realidad;

para amar, simplemente para amar,

las cosas que vivimos, sin dudas valieron la Pena;

y sí, nos costaron esa amistad,

pero es justo, incluso

puede que la vida nos diera de más.

Me siento afín a Kierkegaard,

quien conociendo la melancolía que lo envolvía,

rompió con Regina,

sabiéndose incapaz de amarla como se merecía.

Siempre quisiste mi felicidad,

no lo puedo ni lo voy a negar jamás,

por eso la aceptaste a Ella

y me dejaste ir,

porque me amaste en verdad.

¿Para qué? Para eso, para esto,

escuchen yo y vos del pasado,

para aprender a amar;

no lo duden,

no existe nada más.

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