Caminantes de las tinieblas

Todos estamos en el fondo de un infierno
en el que cada instante es un milagro
—Emil Cioran

Incluso en el averno, tendrás tiempo para pasear y despejar la mente porque el hombre, criatura irónica, al dolor se acostumbra y el placer sabe postergar.

¿Qué caso tendría el castigo eterno, si entre cada escarmiento no hay momentos en los cuales uno pueda caer en la falsa creencia de que el presente tormento será el último?

En esos paseos, se cruzará uno, con otras almas mortificadas. Las frescas cicatrices se muestran en un ademán que reemplaza el saludo. Cual luciérnagas que en la noche se muestran intermitentes, estas almas pasean, dando un espectáculo de esperanza. Entienden, ilusos, a la breve tregua como un cese definitorio del sufrimiento. El eterno retorno ha cumplido una vez más su cometido.

Aquel que trascienda, se acostumbrará a la vida como a cualquier otro pesar.

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