El Jardín incesante

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar
la seriedad con la que jugaba cuando era niño
—Nietzsche

Nunca salimos realmente del Jardín de infantes. Fuimos dejados una vez, y ya nunca pudimos salir, no porque no nos vinieran a buscar, sino porque no hay otra cosa que el Jardín, no existe el afuera. El Jardín no se termina en el edificio que contiene las aulas y el arenero, sino que persiste más allá de sus paredes. Seguimos aprendiendo a través del juego, solo que estos se han complejizado.
Conocemos nuevas personas, memorizamos sus nombres, ellos se mueven y nosotros respondemos con nuestro propio movimiento. Es lo mismo, una y otra vez. Ciertos compañeros de “salita” nos llaman la atención y nos atraen. No hay casualidad. Entonces jugamos juntos durante algún tiempo, hasta que la mamá vestida de negro viene a llevarnos.

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