Un hidalgo no tan ingenioso

A veces, se escribe una poesía entera
para decir solamente una o dos palabras;
en la métrica y en la metáfora
se oculta ese vocablo o par de ellos, simples,
pero que refieren a sentimientos complejos.

No era más que un caballero sin cruzada,
vagando errante con mi armadura,
en busca de la luna roja,
bajo el firmamento de una ciudad infestada de furia.
Mirando las estrellas,
tropecé con tus ojos y caí rendido,
desarmado ante tu sonrisa.

Mi espada no podía lastimarte,
el metal se hubiese quebrado al chocar con tu cariño.
El escudo me pesaba y tampoco sentía que pudiera serme útil
para protegerme frente a tu dulzura.
Fuiste desnudando de a poco el resto de mi armadura
y despojado de toda protección,
me entregué a la cruzada de los sentimientos.
Sangré e ingenuamente me creí débil, vulnerable,
hasta que con un beso me hiciste recordar
que lo que no te mata, te hace más fuerte.

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