Sentimiento fantástico

En tiempos de mentiras emotivas e inocentes sin presunción de tal, nadie dice la verdad. Esperando a que se hiciera mi hora, me entretenía jugando con la perspectiva de mi mano en forma de pico de ave, apoyada sobre mi nariz; mientras de fondo se escuchaba la lluvia pelearse por mi atención con la música que salía de los parlantes.

En ese momento fue que sentí… cómo explicarlo… la náusea de Ronquentin, ese reconocimiento inmediato de brutalidad de la existencia, del absurdo disimulado por un mundo coloreado de hombres y mujeres. Experimenté el sentimiento fantástico que irrumpe en “No se culpe a Nadie”, cuando una parte de uno, una extremidad, una mano para ser más específico, se escinde y revela contra uno mismo.

Ahora que escribo esto, lejos en el tiempo, tal vez fuera el programa documental lo que influyó mi sueño despierto, pero la cuestión es que vi una serpiente en mi mano. Aparté la mano-serpiente de mi cara, con el fin de observarla en detalle y noté para mi fascinación cómo movía un ojo. Entonces el sentimiento de lo real me sorprendió como antes lo había hecho el fantástico: ¡tenía una serpiente en frente mío, a punto de morder!

¡¡¡ROMPÉ EL ENCANTO!!!

Una voz de procedencia desconocida, me salvó de la mortal mordida del reptil que se desvaneció, y volvió a ser mano. Aun la miro con desconfianza a mi diestra, es deforme, y bueno, aparte… yo soy zurdo, aunque eso no signifique nada realmente. Por cierto, ganó la lluvia.

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