Teatro Colón

Se ingresa,
a lo que pareciera por fuera,
una estructura de ángulos rectos bien pronunciados,
pero luego de ascender varios pisos
por una escalera de mármol,
se llega al Paraíso,
desde donde uno puede contemplar la Totalidad:
el lugar es en realidad una esfera con su centro en todas partes
pero su circunferencia en ninguna.

Si arriba es el Cielo,
abajo tiene que ser el Infierno.
En un apartado,
bellos demonios tocan una música celestial
para las personas en los palcos del purgatorio
y en las gradas del Paraíso.
(habiendo sido Lucifer el más bello de los ángeles,
no resultaría insensato pensar que su ejército
sería también de seres preciosos).

Los Condenados a las llamas eternas,
bailan interpretando el Romeo y Julieta ruso
en tres actos.
Representan sueños,
los cuales repercuten en el mundo de los Hombres;
pues sus actuaciones se convierten en verdaderos sueños
en las mentes de hombres y mujeres,
que poetas convierten en obras
formando un eterno y grácil bucle.

Concluido el relato de la historia,
los aplausos intentan liberar de su condena
a estas almas en pena,
haciendo florecer rosas
a los pies de los actores que del perdón son merecedores.

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