El vuelo de las libélulas

Es que nunca comprenderás a un pobre pibe
—Seminare, Serú Girán

Existe una historia en mi familia que suelen contar en reuniones (las de fechas conmemorativas, porque no hay otro modo que nos juntemos), cuya primera narración se coincide en atribuir (cosa extraña que mis parientes se pongan de acuerdo en algo) a un personaje mítico de nuestro linaje, una sabia, la cual no conocí, y al que todos se refieren como la Tía Carmen, incluso amigos y vecinos. Aparentemente, sí era la hermana de mi abuelo por parte paterna, pero para mi, Tía era como su primer nombre.
La historia, transmitida de forma oral, se fue deformando después de tres generaciones de narradores. Como escritor, mi deber es imprimirla en las letras, y aunque no sea completamente fiel, es un lugar más firme desde el cual otros podrán continuar. Me gusta imaginarme como si fuera la propia Carmiña quien la cuenta:
Cuando llegamos huyendo de la Segunda Guerra, mis padres se asentaron en un pueblo rural de la provincia de Buenos Aires. Allí, como otros tantos inmigrantes, trabajaron la tierra. El horizonte inacabable, nos permitía ver la lluvia venir con tiempo, y en las tardes antes que rompiera la tormenta, aparecían las libélulas o alguaciles, como le dicen también, a recibir el agua con su danza en el aire, que se me asemejaba al combate aéreo de unos aviones. Cierto día, mi papá me encontró examinado el cadáver de uno de estos fabulosos insectos. Me explicó que existían dos especies, y que una de ellas, imitaba el cortejo de la otra para atraerla y convertirla en su presa*.
A veces, las frases armadas y las historias en formas de anécdotas que se nos repiten de forma caprichosa, no guardan el menor sentido para nuestros oídos vírgenes de experiencias, pero un día, las piezas se unen, y se arma la imagen del rompecabezas, develando el misterio de su significado. Dicen que cuando uno no se hace cargo de su historia, erróneamente le llama destino a los sucesos que se nos presentan en reiteradas oportunidades.

*No está claro si era la hembra o el macho el que utilizaba el amor para engañar y provocar el vuelo hacia la muerte de la otra especie, de hecho esto cambiaba según quien lo contara.


Carmen es un nombre propio femenino, del latín Canto, Música, Poema, Conjuro.

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