Atrapasueños

Arrebato crudo y despiadado
sufre el plácido sueño nocturno,
por el celo de una pesadilla
que osa interrumpir el reposo profundo.
Prisionera el alma somnolienta, no puede despertar
y es ahora espectador de su propia teatralidad.

Insolentes memorias agobian mi pesar,
evocándose con la misma pureza y transparencia
de las travesuras de un niño al juguetear.
¡Ay del ánima afligida que en busca del alivio se aventura!
mas no habrá de encontrarlo, menos aún olvidarlo
sino hasta en el papel, mediante la pluma, plasmarlo.

Nueve círculos para este onírico mundo,
en el que hallase la proyección de un espectro
plagiado por el subconsciente, desde el mismísimo inframundo.
El concepto abstracto de lo real, trasciende la experiencia carnal
y sumerge la razón bajo aguas del río Estigia, afluente abismal
encauzado directo a la fauces del mismo Leviatán.

Una sombra, hermana de la oscuridad tormentosa
se acerca y a mi lado se posa.
Murmura, me susurra al oído
asegurándose de seducir la atención del dormido.
Pero los sentidos, que durante el letargo, perezosos actúan
demandan que se reitere el mensaje transmitido.

Comprendo nada y aterrado yerro,
aún tumbado sobre mi lecho,
encuentrome tieso cual hierro.
De un estremecimiento, el PAVOR colma mi cuerpo
y para mayor infortunio, quién a mi lado reposa
enardece el TERROR que dentro mi ser se esboza.

He de decir, malévolo genio es mi inconsciente,
perturbada por demás se halla mi mente.
No es acaso, solo la sombra lo que amenaza
sino la materialidad del escenario que me abraza.
La familiaridad al lugar de sosiego, es lo que más espanta
pues la alucinación de la realidad no desencanta.

Socorro, imploro a mi leal amigo,
fiel can que yace contiguo a mi cama tendido;
el sueño y el desvelo siempre compartimos.
A pesar que mi garganta a gritos desgarro,
sellados mis labios, se encuentran petrificados
ahogado, no logro emitir sonido gallardo.

Gélido aire que presiona el pecho,
la respiración en jadeo convierte
mientras el Infierno bajo mi techo se enciende.
Persisto, combato y resisto
a las movedizas sábanas en vano,
mientras en angustia me embriago.

Hastiado de tal lúgubre padecimiento,
animoso me erijo con bravía
y me enfrento a la faz del funesto escarmiento.
Procurando la luz atinar y el aposento iluminar,
abalánzome en desespero;
el acaso disponía otra fatalidad para mí, empero.

Súbitamente, de un guiño, bajo las mantas me manifiesto
donde ciertamente tuvo origen mi cruento castigo
del cual no sólo fui víctima sino un lúcido testigo.
Acaecido ya el hostigamiento, repito hacia mis adentros:
“¡Libre al fin, he escapado a mi sufrimiento!”
Precipitado y desdichado corazón que de la esperanza se ha alimentado.

¡Sigue ahí! Inmóvil y paciente, aún allí, contemplando maliciente
e intuyendo la mía desolación, alimentando su fantasmal ser
del miedo que se ciñe a mi alrededor.
No obstante, solo me hallo, en esta “ya vivida” ocasión
siendo el vacío únicamente lo que colma la habitación.
Entrado al limbo, solo queda esperar por la resurrección.

Si por el despertar he de distinguir el sueño de la realidad,
pues del primero puedo más del segundo no es loable comprobar,
os digo, por tanto Tánatos e Hipnos: ¡Hermanos, basta ya!
Absuelvan a este pobre mortal de su azar,
juego divino que el aburrimiento en su eterna casta provoca
y resignan a cambio de poder la muerte burlar.

Dubitativo y desorientado, el nihilismo es mi aliado.
Expreso la ilusión de una voluntad, ¿Es acaso, mi ego imaginado…?
¿Soy enteramente, separado, o solo en el espejo de otro, un imago…?
Lo real, aunque indecible e innombrable siempre está presente
pero es, por lo simbólico y lo imaginario, continuamente mediado
¡A qué irreal matriz de metáforas he arribado!

¡Caronte, gruñón barquero del Hades, llévame a casa que tu pago no poseo!
Lejos de ahuyentar la quimera de mi sueños
prematuro aún es, el viaje para Helios.
Selene, diosa lunar hermana del sol y la aurora,
que en la noche clara deambula sola,
también me avade y en las tinieblas me abandona.

Habíame dejado consumir por los delirios de un loco,
quien a fin de excusar su desequilibrado estado mental
optó por su avatar enterrar en una analogía igualmente demencial.
La complejidad de la paradoja, entonces descubrí
y con ojos bien abiertos a través del divergente estado me ví.
Esta vez sí, el pertinente ladrido del sabueso, me despertaba ¿Transportaba?

Los párpados nuevamente caen en el espíritu desvelado, ya sin paz
y los ojos que cerrados buscan conciliar
solo encuentran insoportable obscuridad, sombría por demás.
¡Cuánto más negra, mas tétrica, la existencia se torna!
una vez que la Pesanta, demonio de la parasomnia
encima de uno se posa.

Abrumado, la vista desvelo y de su temporal ceguera la libero.
¿Por qué no hay algo y si, más bien hay, ¡La Nada!?
Tanto más verdadero y familiar es la empiria del mal sueño,
que la misma vigilia se torna absurda, repleta de distorsionada percepción,
juicios imprecisos e ilógica interpretación.
Demasiado tarde ya es, rendido me hallo por la paranoia y la insensatez.

Las palabras pronunciadas por el mortificante ente
cual parvada imberbe, aterrizan en mi mente,
me perturban envolviéndome de espanto y recelo,
de macabra turbación y desasosiego:
¡De verdad! ¡De verdad!
¿Es…es solo una pesadilla o un recuerdo?

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