Little talks in my head or, somebody I thought I knew

 

Hoy vi tu pollera caminando por la calle,
la de rayas blancas y negras;
era bastante pasado del mediodía ya, hacía muchísimo calor,
estaba yendo a buscar comida a uno de esos lugares que venden por peso en el microcentro,
y pensé en que quería fumarme un pucho, pero no tenía,
así que para calmar la ansiedad me distraje preguntándome,
será cierto esto de que el hombre es la única especie del reino animal que crea y usa máscaras.
En medio de un atisbo de intuición acerca de estas pueriles cuestiones,
me cruzó tu pollera;
se contorneaba de una forma extraña,
ahí me di cuenta que era tu pollera pero sin vos;
las piernas se movían distintas,
el pelo se meneaba distinto,
dudé,
y te giraste ¡Mierda, se me cruzó un tipo! ¿Sos vos? Girate de vuelta, por favor… Ah, no sos vos, es tu pollera, perdón la confusión señorita.
Ahora escribiendo pienso cuántas mujeres deben usar la misma pollera,
pero más raro aun,
cuántas personas creemos conocer realmente
y al momento del reencuentro,
algo, un coso, gracioso, amoroso, horroroso,
ya no es igual,
recordándonos la imposibilidad de la comunicación,
la ilusión de la empatía;
y reaparecen los abismos que separan,
que siempre lo hicieron y harán, pero que por un momento,
al menos,
dejamos de pensar en ellos.
Era tu pollera?

 

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