Whatsapp a una amiga desde Paris

 

Querida, perdoná mi cuelgue, es que el finde largo pasado me fui a Francia. Mientras esperaba el subte, en los andenes vi un cartel que decía, “Cambiá Scalabrini Ortiz por Paris”; así que me bajé en aquella estación y acá estoy.
Hace un tiempo, desde que llegué prácticamente, estoy viviendo en una obra de teatro. Venía sospechando, la luz, el público, el vestuario y las actuaciones del resto de las personas, y mis personajes, claro. Lo último que recuerdo antes de salir a escena es que me vi abordado por preguntas, preguntas imposibles, pero con las cuales sin embargo se podía vivir sin responder, y a las que contestaba con otras preguntas, como en una especie de juego donde el que afirmaba perdía.

Esto me hizo acordar a un sueño que tuve, donde interpretaba a un signo de interrogación que había perdido el punto. Caminaba entre las personas sin sentido. En un momento me pareció ver el punto, pero era de otro signo, del que abría. Mi angustia creció: alguien abría una pregunta en el mundo y yo no podía cerrarla.
Mi “casa” y mi “trabajo” (me resulta gracioso llamarlo así porque es una actuación, me pagan por actuar), no son más que un escenario decorado, lleno de actores, madre, compañeros de trabajo, transeúntes, es inmensa la obra. Durante una improvisación, curiosamente en clase de “teatro”, dejé de actuar; no sé qué pasó, la línea de demarcación se corrió, la consciencia o sentido de la realidad se desdobló, el pasado se volvió presente, el presente sueño, y el futuro dejó de ser lo que era.
He cometido muchos errores que pienso han disgustado al público. Pero hubo veces en que mi actuación fue excelsa y me la creí; yo no, a la obra digo, y me dolió el personaje. Tengo que confesar que disfruto matando a mis personajes, es el mismo tipo de alquimia que hace Dios. Mis actuaciones siempre se ven guiadas por una obsesión, por lo general, una frase, por ejemplo, «los ojos son las ventanas del alma». En un soliloquio donde cerraba ventanas, comprendí que la frase dice ojos, no dos ojos, y que en el interior de uno mismo hay infinidad de miradas de espectadores.

Que estés bien querida, vení cuando quieras a ver la obra, vos que podés.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s