El fin de la Infancia

Long ago I wandered through my mind
In the land of fairy tales and stories
Lost in happiness I had no fears
Innocence and love was all I knew
Was it illusion?

Soon the days went passing into years
Happiness just didn’t come so easy…”
Wheels Of Confusion / The Straightener, Black Sabbath

 

Se me acaba el tiempo, casi 27 años luchando ya, no puedo dilatarlo más. Hacia el final no fueron buenos tiempos, pero nunca dejó de valer la pena tanto sacrificio. Este breve escrito, tal vez, ilumine los porqués.

Hace un tiempo dejé de vivir los años, meses y las semanas, vivo solo días, interminables días. Para mi es Ayer, todo es ayer o mañana. Hay un hoy, claro está, pero es circunstancial, Ayer y Mañana son irrevocables aunque cambiantes. Despierto, duermo y vuelvo a despertar: el mundo parece seguir igual, pero no es mas que una ilusión, como el amor de una mujer.

Siete meses hace que ando errante por pura inercia, perdido en el espacio como un astronauta que se soltó de la nave espacial. Me camuflo en la sociedad, como un espía, tengo una madre que cuidar, un trabajo al que cumplir, amigos que pueden corroborar mis coartadas, alguna mujer esporádica e indiferente en mi cama. Tengo una cuenta bancaria, consumo mercancías, todo bonito, todo legal”. Sospechan, bien lo sé. Se preguntan por mí, y entonces les doy una respuesta. No sé si mi creen, pero intento ser lo suficientemente convincente para que se dejen de preguntar, al menos por un tiempo prudencial hasta elaborar un engaño más refinado o una salida.

Supongo que todo empezó por ese maldito poema: «el aburrimiento en esta era moderna / te capultará a las puertas del cielo». El aburrimiento es la forma que tenemos para elucidar algo inarticulable en palabras cuando somos pequeños: la pregunta por el Absurdo. Estaba muy aburrido, desde chico, era insoportable, me generaba ansiedad, frustración, hasta que finalmente entraba en un pozo depresivo por semanas. La pobreza no ayudó, y mi imaginación se desató. No fue violento, como la apertura de las puertas de una represa. No, fue prácticamente imperceptible. Empezó como curiosidad, simple e inocente curiosidad. Jamás sospeché que esa curiosidad era un vacío, un vicio disfrazado. Comencé a consumir con mayor frecuencia, desde temprano, a la noche mi cabeza estaba tan llena de ideas que olvidaba hacer tareas tan sencillas y rutinarias como lavarme los dientes.

La lucha que perseguí es la única que creí encontrar sentido. No requería pertenecer a una secta, y además de poseer una sólida argumentación, era bella. Porque el anarquismo y el comunismo son sólidos argumentos contra el capitalismo, pero carecen de belleza y por eso fracasan una y otra vez. Conocí la causa como todos, por un suceso funesto. Un día, cualquiera en apariencia, ya no se es más lo que se creía ser. Se suicida el niño interior y se madura.

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