Jenseits von Gut und Böse (Más allá del Bien y del Mal)

En el estudio a raíz de los Procesos de Núremberg, titulado Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, Arendt defiende que el hombre que pasaba por ser un supervillano, el mayor asesino de Europa, no era ningún “genio del mal. Lo preocupante de la existencia del mal entre todos los hombres y mujeres, es que cualquiera, en determinadas circunstancias, puede reaccionar como Eichmann y realizar actos tremendamente malvados e inhumanos porque cree que es «su obligación» o «su trabajo», acciones fruto de la sujeción de la cual es víctima un individuo dentro de un régimen totalitario.

En palabras del propio Eichmann: “No perseguí a los judíos con avidez ni placer. Fue el gobierno quien lo hizo. La persecución, por otra parte, sólo podía decidirla un gobierno, pero en ningún caso yo. Acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia. En aquella época era exigida la obediencia, tal como lo fue más tarde de los subalternos”.

En 1960 un grupo de nokmin (‘vengadores’, en hebreo) del Mossad, ingresaron a Buenos Aires e iniciaron la “Operación Garibaldi”, la cual consistió en la localización, identificación, secuestro y posterior traslado ilegal a Israel, del fugitivo jerarca nazi, Adolf Eichmann. Descubrirían que este era un hombre de hábitos cotidianos, lo que facilitó la elección del lugar de secuestro. Una vez privado de su libertad, fue atado a una cama e interrogado hasta que al fin, dio su número correcto de las SS y admitió su verdadera identidad. Peter Malkin, líder de la operación, confesó más tarde: “Eichmann era un hombrecito suave y pequeño, algo patético y normal, no tenía la apariencia de haber matado a millones de los nuestros… pero él organizó la matanza. […] Lo más inquietante de Eichmann es que no era un monstruo, sino un ser humano”.

banksy nazi

El artista callejero británico Banksy, ha hecho «un añadido» a un óleo de K. Sager. Sobre el dibujo original, un paisaje sobre un lago, pintó un oficial nazi sentado en una banqueta, presumiblemente admirando la vista; lo que nos remite a la humanidad, a la parte sensible de quienes fueran partícipes en los horribles actos perpetradas durante la Segunda Guerra Mundial.

Stanley Milgram, un psicólogo de la Universidad de Yale, ideó una serie de experimentos con el fin de medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal. Quería responder a la pregunta “¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?”.

El mismo requería de tres personas: el experimentador (investigador de la universidad), el “maestro” (voluntario) y el “alumno” (un cómplice del experimentador). Quien hace de maestro tiene que castigar con descargas eléctricas al alumno cada vez que falle una pregunta, una primera descarga de 15 voltios que irá aumentando en intensidad hasta los 450 voltios. El maestro cree que está dando descargas al alumno cuando en realidad todo es una simulación. El alumno ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas.

Por lo general, cuando los maestros alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus alumnos y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su alumno.

Si el maestro expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:

“Continúe, por favor.”
“El experimento requiere que usted continúe.”
“Es absolutamente esencial que usted continúe.”
“Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.”

Si después de esta última frase el maestro se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas. En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todos los maestros pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.

El profesor Milgram elaboró dos teorías que explicaban sus resultados. La primera es la teoría del conformismo, que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona. La segunda es la teoría de la cosificación, la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.

Para concluir, comparto un poema que refleja la problemática a la hora de plantear las categorías del Bien y del Mal.

 

Todo este tiempo, te hicieron creer
Que eras un héroe,
Y que tu destino era
Trascender tus ancestros.
Pero a través del camino de la vida
Empezaste a tomar decisiones
Cada vez más difíciles y cuestionables:
Te volviste oscuro.
Y en el final,
Tu cuerpo está ahí
Frío y tieso
Y todos a tu alrededor mirando en lo que te has convertido
Esta sea tal vez tu última realización ¿fuiste un malvado todo este tiempo?
Ahora rezan
¿Pero quién reza por el diablo?
Tu fuiste tan pecador como el resto lo es.
Uno quiere ver a las personas malvadas como malas,
Gritando cosas horribles,
El mal es claro y reconocible entonces.
Asusta…
que el mal no sea un estereotipo,
Asusta…
que el mal no sea reconocible,
Asusta…
que podría estar acechando dentro de cualquiera
Y nunca lo sabrías,
Tal vez en tí.

 

 

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