Otro día en el Paraíso para vos y para mí

Oh think twice, it’s another day for you and me in paradise
Oh think twice, ‘cause it’s just another day for you,
You and me in paradise, think about it”

—Another Day in Paradise, Phil Collins

 

Conocí a Axel en el tren San Martín,
yo estaba dibujando en mi libreta,
intentando llamar la atención de una chica
cuando se me sentó al lado,
y con mucha confianza se acurrucó junto a mi,
pidiéndome sino le dibujaba algo.
Le pregunté qué quería que le dibuje,
un celular” me contestó seguro,
no le entendí.
Pero le dibujé un celular, un rectángulo,
seguía sin comprender,
así que para hacerlo más llamativo y bonito,
le agregué un Pikachu que copié de la remera que llevaba puesta.
Axel no estaba conforme.
Arranqué la hoja y le di el lápiz para que dibujara él,
pero no quería,
quería pero no se animaba,
le dije que le ensebaña,
entonces aceptó.
Le pregunté de vuelta qué quería dibujar,
“un celular”.
Le enseñé a hacer dos rectángulos, uno adentro del otro,
se acabó, no hay mucho más para dibujar un celular,
así que hice que pintara la pantalla de negro
y durante varias estaciones estuvo entretenido con eso,
hasta dejó a un costado del asiento los $10 y monedas que apretaba fuerte en su manita.
Le pregunté si estaba solo,
a lo que me contestó que estaba con su mamá,
cuando le pregunté su nombre me dijo que no sabía,
¿Cómo puede un chico no saber el nombre de su madre?
Sabía muy bien el nombre de sus hermanas.
Pensé, seguramente le habrían enseñado a que cuando le preguntaran por su madre, contestara eso.
Obviamente (¿por qué obviamente?, pero si, obviamente) no conocía a su padre.
Muy lúcido me preguntó dónde me bajaba,
sospechaba que estaba preocupado por no terminar el dibujo a tiempo,
le dije mi destino y le pregunté dónde él se bajaba,
su respuesta fue como la de un trabajador que usa el tren todos los días como medio de transporte y se sabe el trayecto de memoria;
estoy seguro que sabía el nombre de su madre.
Finalmente se cansó o se frustró,
y me pidió que se lo hiciera yo al celular,
aduciendo que a mí me salían bien.
Copié entonces un dibujo que ya había hecho;

IMG_20180311_224037.jpg
por supuesto hice el de la cara feliz (otra vez, ¿por qué por supuesto?)
Cuando lo terminé me pidió que lo cortara,
y ahí finalmente entendí:
él quería un celular.
Corté los bordes haciendo marcas con cuidado previamente,
y le expliqué cuando me preguntó cómo lo hacía;
agarró su celular de papel, me dijo gracias y se fue,
no sin antes pedirme dinero con un “¿no me ayudaría?”.
Pensar que hay aplicaciones hoy en día que permiten a los padres,
(como en un capítulo de Black Mirror, cuando la realidad supera a la ficción)
el control de los niños.
Me engaño a mi mismo pensando
que Axel, através de su celular de papel,
va a ver el mundo de otra manera entre estación y estación,
o más aun, tal vez vuelque su mundo en él
como el resto de nosotros que no sacamos la cara de la pantalla.

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