Ley clásica del pensamiento

 

P le habló a M de A, entonces M quiso ser A.

M resultó ser A, pero no para P sino para AW.

Ahora bien, A no era ni lo que P decía de este, ni lo que M interpretaba de A;

Así como tampoco M es lo que AW dice de este, ni lo que M interpreta de sí mismo.

La ecuación de los egos es sostenida por la creencia del principio de identidad (una hipótesis ad hoc, al fin de cuentas), según el cual toda entidad es idéntica a sí misma.

***


—[…] ¿Qué te parece lo más verdadero de todo?
–Pues… pues… lo de Descartes: «Pienso, luego soy.»
–No, sino esto: A = A.
–Pero ¡eso no es nada!
–Y por lo mismo es lo más verdadero, porque no es nada…
Niebla, Miguel de Unamuno

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