El mito de un hombre que murió como vivió

No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio.”
Albert Camus

 

Ante el Absurdo que emerge de la contradicción fundamental entre la búsqueda individual por el sentido, y el sinsentido del Universo, que además nos es indiferente, surge la pregunta, “¿Por qué no habría de suicidarme?
Hacer el salto de fe y abandonarse a la trascendencia, aunque reconfortante, no es una respuesta satisfactoria, porque en definitiva es suicidarse filosóficamente. “El que abandona no tiene premio” dice la canción, aparte que es cobarde y todavía más absurdo.
Sin embargo, eso no detiene al suicida metafísico, el creyente, ni al terrenal; tal vez, porque poco les importa la valentía y uno cree que ya ganó, mientras al otro no le interesa ningún premio.

¿Tirarme debajo de un tren? Pero amigo… ¡Atragantado por una porción de pizza de panceta y huevo frito, unos pares de birras bien frías y varios pases de la rica, aguantando el humo de porro en los pulmones, mientras una trola me tira la goma.”
Sisifo, uno de los pibes, en la esquina del barrio con una botella en la mano y un cigarrillo en la otra.

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