Anónimo

 

Un día despertarás tarde en la mañana de un domingo, con el amor de tu vida al lado, harán café y tostadas, se mirarán a los ojos y todo estará bien. Excepto… excepto por ese malestar en el pecho, carcomiendo tus pensamientos, arruinando ese bienestar y poniéndolo en duda, “¿Es un sueño?” te preguntarás, sin dejar de mirarte en los ojos del amor frente tuyo, quien te preguntará —”¿En qué pensás mi amor?” entonces mentirás —”En Nada” y volverás a tus pensamientos sobre Todo, así con T mayúscula, soltando la mirada.
No te importa nada más, nunca lo hizo, seguís igual; seguro algo aprendiste en este tiempo, pero también olvidaste, y cuánto. Sin embargo, así te atreviste a andar por la vida hasta este momento donde te das cuenta, que todo es igual: vos sos el distinto ¡paradoja! Lo cierto es que no se siente bien, sea que seguiste igual o cambiaste ¿todavía hay una razón para ello? ¿para resistir aquella influencia recelosa germinada en uno? ¿para probar la lucidez de la inteligencia, y el dominio de una intranquila quietud?

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