Unos amargos con Larralde

 

Don José, yo lo conocí a usté por mi padre a través de mi madre. Déjeme explicarle, así como usté hace con sus canciones antes de interpretarlas en vivo, porque de alguna forma mi historia es una milonga.
Mi padre murió cuando yo estaba por cumplir los tiernos cuatro años allá por 1995. Ese año usté se iba a presentar en mis pagos. Mi padre se encontraba internado por la enfermedad que terminó por matarlo, y en sus delirios decía él (fanático suyo), que usté lo iba a esperar hasta que se mejorara para tocar. Resta decir que eso nunca sucedió, usté se presentó y mi padre murió sin verlo. Veinticuatro años después volvió a mis pagos, tal vez y seguramente lo hizo antes pero desconozco porque en realidad yo no lo conocí hasta hace unos pocos años atrás. Aquí es donde interviene mi madre con esta anécdota del hospital y del delirio que me relató tiempo después, cuando ya podía entender algunas cosas.
Hacía rato que quería verlo, movido por un sentir que me decía que tenía algo para contarme. Pero por una cosa o por otra, nuestro encuentro se retrasaba. Usté dijo que respeta a El Tiempo, porque antes que Dios pudiera crear nada, tenía que haber tiempo. No es casualidad entonces que finalmente lo viera cuando lo vi y no en otro momento. Ahora pienso, que de haber sido en otra oportunidad, seguramente no hubiese comprendido aquello que yo creía que tenía para decirme. Así que al ver el afiche “Cosas nomás” saqué la entrada y fui a verlo al club de la ciudad.
No solo nos separan años, lugares, vivencias y experiencias (aunque usté mismo dijo que no cree en las experiencias, porque el pasado ya se fue, el futuro es incierto y el presente efímero, ¿será por eso que respeta más a El Tiempo que a Dios?) A pesar de todo esto que nos separa, considero que son más cosas las que nos unen, me siento afín a su sentir, porque usté canta lo que siente y es una invitación constante al pensar, y al conocerse a uno mismo.
“¿Qué es el hombre?” —de pronto dijo entre una canción y otra —”Una bosta en una rueda, que está abajo, después arriba y devuelta abajo, y que cuando se desparrama ya no sirve ni pa’ mierda”. Cuán curioso fue, que pocos días antes de ir a verlo, un primo mio que conoció a mi padre me contara lo que este decía sobre mi: “Así rubiecito y blanquito como es, lo vamos a llenar de bosta” en referencia a que me iba hacer conocer lo rústico, el campo. Cuán curioso es más aun (o contradictorio), que mi padre fuera un obsesivo de la limpieza de sus manos y que yo, sin haberlo conocido prácticamente, haya heredado esa manía.
“¿Qué es el hombre?” Como seguramente debe saber, Filosofía viene del griego antiguo y significa “amor por la sabiduría” y por esas cosas (la no casualidad es una mera casualidad), me enamoré de Sofía, el conocimiento. Mi madre dice, y la frase que me contó este primo mio lo confirma, que de haber sobrevivido mi padre, este no me hubiese “dejado” estudiar filosofía. Pero era inevitable. Era inevitable que lo conociera yo a usté, porque aunque mi padre no me hubiese dejado ser un académico, me lo hubiese presentado a usté, y usté invita al “conócete a ti mismo”, frase que me tatúe en un brazo exactamente una semana antes de ir a verlo, frase que se le atribuye a Sócrates. Y al verlo, con su barbas y pelos blancos como melena, no puedo dejar de pensar en un Sócrates moderno.
¿Y qué fue finalmente eso que usté tenía para decirme?

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Otro abrazo para usté!

 

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